Mi plan para aumentar mis probabilidades de vivir una vida larga y sana

Vivir una vida larga y sana es un objetivo que todas las personas tienen en común. Pocas viven de tal forma que aumente las probabilidades de conseguirlo.

Nunca se sabe. Puedes vivir de la mejor forma posible. Eso no te garantiza nada. En la vida todo son probabilidades. Puedes actuar de tal forma que mejoras tus opciones o de tal manera que las empeoras.

Las mejor forma de acortar tu vida es esta:

  • Comer comida basura.
  • No hacer deporte.
  • Dormir poco.
  • Fumar y beber alcohol en exceso.
  • Estresarse más de lo necesario.

Lo curioso es esto. Siempre hay personas que alcanzan una vida muy larga fumando, bebiendo, comiendo mal, etc. Todo es posible. También hay ciertas probabilidades de ganar la lotería pero son mínimas. Yo prefiero apostar por una vía que aumenta mis probabilidades.

No bajar nunca el ritmo en función de la edad

El “truco” es este. No bajar nunca el ritmo. Cada día es difícil. Siempre hay algún reto a nivel de deporte, trabajo, social, etc. Uno de los principales problemas para muchas personas sufriendo decaídas importantes es porque piensan que alcanzado cierta edad se pueden relajar. Y está ahí donde está el gran riesgo. “Me lo merezco” puede ser una reflexión que está detrás. Y no quiero quitarle el mérito a nadie pero el cuerpo humano no está hecho para relajarse. Está hecho para estar activo al máximo porque sino decae con una velocidad tremenda. Lo puedes ver en muchos casos cuando gente se retira del trabajo y pasa a hacer poco o nada. Decaen con una velocidad tremenda.

Está claro que el ritmo no es el mismo con 20 que con 70. Pero no es cuestión de poder hacer lo que hace una persona de 20 años sino de hacer cosas difíciles para cuando tengas 70 años. Si te esfuerzas toda tu vida mantener tu cuerpo y mente en el mejor punto posible ese nivel estará muy por encima de otras personas de tu edad.

Mi plan de acción semanal

Mi día empieza con la noche anterior que significa acostarse a las 21.30 horas. La mayoría de los días estoy durmiendo antes de las 22 horas. Ya tengo mi despertador interno que me despierta todos los días a las 5.30 horas. Disfruto de madrugar porque es tiempo que estoy solo sin tener que atender a nada y nadie. Es un momento de relax máximo tomando un café, aprendiendo algo nuevo y reflexionando escribiendo estas líneas. Poco después toca empezar el día con algo difícil. De lunes a jueves Freeletics. De lunes a domingo (jueves no salgo) prepararme para mi próxima maratón. Hay días donde ya he hecho casi dos horas de deporte antes de empezar con el trabajo. La actividad física no roba energía sino me la devuelve. En días de actividad más leve hago ayuno hasta el mediodía. Me hace sentir bien darme un descanso de comida dos a tres veces por semana. Hacer un ayuno 23/1 ya no tiene sentido para mi porque con tanto deporte es contraproducente.

Tres días por semana toca entrenamiento o partido con el equipo de fútbol de mi hijo. Luego llevar niños a actividades por las tareas, estudiar con ellos, trabajar de 8-17 horas, cosas de casa (aunque debo admitir que hago muy poco en comparación con mi mujer).

Mis días no son una locura pero siguen siempre un ritmo exigente. Muchas veces cuando toca descansar con alguna serie me quedo dormido en el sofá antes de tiempo. Es una dulce sensación caer de forma agotada en la cama al final de una jornada intensa. Y así toda mi vida. Eso al menos es el plan.

Stay tuned.

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