Pensar en grande – ¿bueno o malo?

¿Esperar los mejores resultados posibles para tu proyecto? Te ayuda para llevar adelante tu negocio o corres el riesgo de quemarte tras sufrir decepciones.

¿Eres de la personas que ve el vaso medio lleno o medio vacío? Influye mucho si una persona es optimista o pesimista a la hora de pensar en grande. Si hacemos caso a los emprendedores de éxito hay que pensar siempre en grande a la hora de montar un negocio. Hay que ser suficientemente ambicioso para poder llegar a alguna parte. ¿Esto significa que tengo que querer montar el próximo Google cuando lancé un nuevo proyecto?

Pensar en GrandeDerechos de foto de Fotolia

Probablemente podría ser un poco contraproducente. Creo que no soy una persona optimista. Soy más bien megahipersuperoptimista. Cuando hago algo por defecto pienso que saldrá bien o mejor y que no habrá problemas. Esto como siempre es bueno y malo. Malo porque no te hace ver las partes negativas por lo que no planificas con precaución y corres el riesgo de meter la pata. Bueno porque eso te da una ilusión y energía impresionante a la hora poner en movimiento esa piedra gigante que hay que poner en movimiento.

El tema de pensar en grande tiene sus matices. Hay que pensar en grande pero al mismo tiempo ser realista. “¿Pero tú no eras megahipersuperoptimista?” Si, es cierto pero tampoco no soy un idiota (o eso me gusta pensar). Soy consciente que puedo pensar todo lo grande del mundo pero la probabilidad de lanzar el próximo Google es tan grande como ganar dos veces seguido en la lotería. Hay que hacer muchas cosas bien, trabajar como un loco, dejar de tener una vida privada y al mismo tiempo también cuenta la suerte.

Antes de pensar en grande o pequeño viene “pensar”. Pensar en lo quieres hacer, lo que son tus objetivos y sobre todo en lo que te hace feliz. No soy de aquellos que piensa que es mejor tener expectativas bajas para evitar decepciones. Creo que esta actitud es una gran tontería. En la vida no puede salir todo bien por lo que es normal que cuando haces cosas algunas te saldrán mejor que otras. Hay que hacer las cosas con la ilusión de montar el próximo Google. Pero hay que ser siempre consciente que a pesar de haberlo dado no te vas a decepcionar si al final no sale bien. No es una derrota personal sino más bien una lección más aprendida.

Pensar en grande es soñar sabiendo que estás despierto. No te vas a decepcionar porque tanto el fracaso como el éxito son estaciones en el camino de la felicidad. Lo demás no es relevante.

  1. Yo opto por pensar en grande. Cuando hace unos años dejé una empresa con un sueldo fijo dije: voy a ponerme a escribir libros y en veinte años dejaré de trabajar del todo. Y surgió un proyecto de aquí a 20 años, no a uno o dos: ¡a veinte!
    ¿Que igual fue pasarme un poquito? Pues puede, pero si empiezas pensando que va a salir mal, mejor no empiezas. Es como empezar con una pareja “por ir haciendo algo, por empezar”. No, empiezas con alguien porque va a ser la mujer/hombre de tus sueños.
    Si no piensas de ese modo, mejor ni lo intentes. Porque te va a ir fatal.

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  2. Yo pongo metas grandes, las escribo y las archivo, luego en el día a día pongo metas diarias en papel que marco con un resaltador cuando las completo. Curiosamente, cuando me encuentro con los papeles que ya he olvidado me doy cuenta que cumplí con el 70℅ de las cosas.

    El marcar objetivos en el día tiene mucho impacto en el autoestima y te ayuda a seguir en el (generalmente) duro proceso de emprender.

    No recomiendo usar Evernote ni ningún medio digital para poner los objetivos, no se muy bien porque pero el impacto psicol9gico de realizar una acción sobre papel es 5 o 10 veces mayor que en un efímero medio digital.

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  3. Yo también creo que hay que pensar en grande, si no lo vas a hacer ni te metas con ningún proyecto porque fácilmente no saldrá.
    Mi blog es un side project que dicen los Yankees, pero tengo intención, que emprender me permita abandonar mi puesto de funcionario. Ganarme la vida escribiéndo.
    Ayer redescubrí una red de opiniones, que Se llama Ciao.es, donde comencé a escribir en el 2001 y me pagaban por mis opiniones.
    Ese fue mi comienzo, luego lo dejé por seguir los caminos que se deben seguir, pensando que yo no podría, y el único error, fue dejarlo de intentar.

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