El reto de querer hacerlo todo (¿y no hacer nada bien?)
Mi concepto de vida es que cada minuto cuenta. Cada segundo tiene que estar bien aprovechado. Es lo que para mi define un buen día.
Me acuerdo que mi padre siempre me decía lo mismo. “La vida pasa demasiado rápido”. Mi madre ahora me sigue diciendo lo mismo. “El trabajo no lo es todo”. Y soy consciente que la vida pasa rápido. Basta con ver crecer a mis hijos y verme en el espejo todos los días.

El otro día me pasaron por Whatsapp una foto de tres amigos de infancia que conozco desde los trece años. La veo y le pregunto a uno de mis hijos. “¿Tú que ves en esta foto?” Me responde rápidamente. “Tus amigos papá.” Mi respuesta le hizo reír. “Pues yo veo mis amigos de 13 años a los que alguien les ha aplicado un filtro raro de envejecimiento”.
Estas cosas me dan miedo. Que lo que priorizo hoy no es lo que voy a priorizar cuando llegue el momento que ya no pueda cambiar cosas.
- Quiero ser padre y marido que está presente.
- Quiero ser entrenador de fútbol.
- Quiero llevar mi negocio al próximo nivel.
¿Todo eso es posible al mismo tiempo?
No soy un padre tan atento como lo veo en otros. Yo no soy así. ¿Quiero menos a mis hijos por ello? Por supuesto que no. También pienso que tenemos que dejarles correr más y no estar tan encima. Es la única forma que puedan aprender sus propias lecciones a bajo coste. Siendo adulto el precio que pagan por estos aprendizajes es mayor. Ahora lo pueden hacer con la red de mamá y papá.
Mi principal preocupación no es ser feliz ni nada por el estilo. Eso es un “daño colateral” y cuenta más el camino que la meta. Lo que realmente me preocupa es echar la mirada atrás y tener que decir. “Ojalá cuando era joven hubiera…” Me sigo sintiendo joven. Físicamente y más en la cabeza. El rostro en el espejo y la comparación con fotos de años atrás me recuerdan que el tiempo no perdona.
Espero tomar las buenas decisiones hoy y más adelante. La mayoría de ellas al menos. Más no pido.
Stay tuned.

