Por qué ser tímido no te sirve y hace el ridículo posiblemente más

Este fin de semana me he vuelto a sentir como un niño de 12 años. Con ese miedo que sentía de ser rechazado y hacer el ridículo.

Para el evento que estamos organizando estoy haciendo contactos. El máximo número de contactos posibles. Pero claro, también buscamos calidad. Descubrí casi de casualidad que uno de los coleccionistas de cartas deportivas en Alemania más influyente vive relativamente cerca de nosotros. El sábado pude convencer a mi mujer de visitarle y de paso ver el mercadillo de Navidad del pueblo donde tiene ubicado su tienda de cartas.

Dicho y hecho. Los chicos están en una edad donde se quejan de todo. Sin muchas ganas se sentaron en los asientos de nuestro Ferrari blanco también llamado Kia Carens. Salimos y tras menos de 30 minutos de viaje encontramos un aparcamiento más estrecho de lo que me hubiera gustado pero muy cerca de la tienda y dejamos el coche ahí.

Saco del maletero un álbum 4×3 toploader de nuestra marca junto con una bolsa donde llevo más productos regalo. El mayor me ve y reacciona de forma inmediata. “Yo no voy a la tienda. Papá le quiere regalar sus cosas.” Escucho ese tono de vergüenza que empiezas a tener con esa edad cuando piensas que tus padres están comportándose de tal forma que si te asocian con ellos te podrían poner en evidencia haciendo el ridículo.

Y no se lo eché en cara. De hecho me hizo viajar al instante 35 años en el tiempo de cuando yo tenía su edad. Hubiera pensado exactamente lo mismo. Y de repente ese niño me empieza a gritar “¡vas a hacer el ridículo!”. Se me pasa por la cabeza algo lo que como adulto había logrado con el paso de los años enterrarlo en una caja. Siento miedo y empiezo a cuestionar el plan que no es ni un plan que de repente me doy cuenta que no lo he pensado hasta el final.

Por suerte mi ser adulto se vuelve a apoderar de mi. “Ya estoy aquí y voy a probar suerte”.

Te resumo lo que pasó a continuación. He tenido una de las conversaciones más agradables hace tiempo. Hace tiempo que no había tenido la suerte de encontrarme con una persona tan humilde, simpática y agradecida por el regalo.

Todo ese miedo que sentía antes de entrar en la tienda me hubiera impedido tener esa experiencia. Soy introvertido por naturaleza pero he aprendido superar ese estado. Hoy casi vuelve el niño tímido y me hace perder una oportunidad increíble.

Hacer el ridículo siempre es posible. Si me hubiera encontrado otra persona ahí la experiencia hubiera sido otra. Pero incluso en ese caso hubiera sido lo correcto. Donde no hay riesgo no hay premio. La vida no va de jugar a lo seguro sino de lanzarse al vacío sin saber muchas veces lo que te espera. Ahí está la verdadera gracia.

Stay tuned.

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