Poli bueno, poli malo

Existe en las películas y en la realidad. El poli bueno y el poli malo. Nosotros jugamos a ello con frecuencia.

Son unos cachos de pan. Demasiado en ocasiones y más en un contexto de negocios. Me refiero a todas las personas que forman parte de nuestro equipo.

Es agradable tratar con ellos y eso es bueno. El 99% del tiempo. Hay momentos y ocasiones donde no tanto. Es ahí donde hay que ponerse duro. Hay que poner mala cara y hacer una crítica constructiva de la situación. Y más si somos clientes. Si los proveedores no están dando el 100% y se nota o peor.

No se nos da bien echar la bronca y es ahí donde sacamos el poli bueno y poli malo. Bueno, antes de seguir no he sido del todo sincero. Hay una persona a la que si le da bien sacar el pequeño cabroncete de vez en cuando. Y ese, “sorpresa”, soy yo. Si digo “cabroncete” me gusta pensar que en plan bien pero al final mi rol es atacar nuestros puntos débiles y si alguien mete la pata hacérselo saber. Lo importante es no únicamente criticar sino aportar consejos de cómo gestionar situaciones parecidas hacia futuro porque lo que importa es no repetir errores (aunque de vez en cuando lo hagamos y ahí es donde me enfado de verdad).

A lo que iba.

El poli malo. Sí, ese soy yo y se me da más o menos bien. Pongo a parir al proveedor si la situación lo requiere. No disfruto de ello pero tampoco dejo que nos tomen por tontos. “Carlos ha dicho que…” les digo. Que ellos sean los buenos, claro. Así no se tienen que salir del papel del que ahora mismo se sienten tan cómodos.

El juego de rol “poli bueno, poli malo” le permite a cualquier persona guardar la cara. Se trata de suavizar una situación que podría acabar mal.

La mayoría de las veces funciona. No siempre, claro…

Stay tuned.

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