Lo que he aprendido sobre tener éxito en los últimos 10 años

Mi camino no ha sido una línea recta sino más bien todo lo contrario. He pagado un precio para estar donde estoy ahora mismo.

“Tener éxito” es una palabra muy grande y muy amplia. Puede significar muchas cosas diferentes según a quien preguntes. Cuando eres joven la cuantificas posiblemente por el número de coches en tu garaje (sobre todo si pasas demasiado tiempo en redes). Cuando te haces mayor más bien por el número de partes del cuerpo que no te causan problemas.

Ha sido un camino largo hasta ese punto. Lleno de sufrimiento, ansiedad y mudanza de un país a otro. Podría haber sido más fácil pero también hubiera podido haber sido más duro. Esto son mis principales lecciones aprendidas.

Tener éxito no se expresa en pertenencias, sino en una sensación

Para mi se expresa con la sensación que he tenido ayer. Ayer fue el primer día post-proyecto de un cliente externo donde por fin me puedo dedicar otra vez de forma plena a nuestros propios negocios. “Somos afortunados. Estamos aquí sentados en nuestro propia oficina, en nuestro propio negocio. Tenemos tres hijos. ¿Qué más podemos pedir?” Es lo que le dije ayer a mi mujer en los primeros minutos de inicio de jornada. En cuestión de poco tiempo me olvidaré de ese momento y sensación por lo que es bueno recordarse que no todo el mundo tiene esa suerte.

Nunca es un camino recto

La vida está llena de sorpresas. Es imposible predecir con lo que te vas a encontrar por muchas precauciones que intentas tomar. Si tienes un objetivo no llegarás de forma directa. Yo quiero mejorar mi mejor marca en una maratón y de momento no paro de lesionarme una y otra vez. Todavía soy joven, con 45 años me sobra el tiempo para recuperarme y avanzar.

Cuando planificas alcanzar un objetivo no debes tener en cuenta únicamente el tiempo en el que avanzas, sino también incluir el donde estas estancado por imprevistos. Pensar que todo irá según plan es ser iluso.

Pagas un precio

Esa dulce sensación de estar en el punto que estoy no es gratis. He pagado un precio por ello y lo sigo pagando. Pago el precio de no dedicarle tanto tiempo como igual debería a mis hijos. No es que sea un padre ausente pero siempre me hago la pregunta si echando la mirada atrás es algo de lo que me voy arrepentir porque hubiera podido haber hecho más. Esa sensación de culpabilidad no me la quito.

No es el único precio que he pagado. También me he mudado de España a Alemania. Estoy lejos de mi madre que ya tiene cierta edad. Lejos de amistades. Sí, más cerca de otras y de mis hermanos pero estábamos muy bien donde estábamos.

No me enrollo más. A ver lo que nos traen los próximos diez.

Stay tuned.

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