Cosas buenas que vienen con la edad
El viaje de China me ha permitido pasar mucho tiempo con parte de mi equipo más cercano. También me ha hecho ver lo bueno que tiene cumplir años.
No sé cómo surgió el tema hoy en el coche con mi mujer pero cuando lo expresé en voz alta me asusté por primera vez. Cuando pienso en sumar años no siento miedo o ansiedad. Lo veo como algo positivo. Pensar que en 10 años nuestros hijos ya no iban a estar en casa y que nuestra vida iba a ser una complemente diferente me entristeció. Me gusta tener mis hijos cerca de mi y no me gusta la idea que en un momento dado tengan que empezar a caminar solos.

Lo dicho. Normalmente no pienso así. Creo que cumplir años es algo bueno aunque no todo lo sea como yo mismo me acabo de dar cuenta hoy mismo.
Egoísmo
Con la edad he empezado a ser más egoísta. Pero no porque ahora sea más cabroncete en comparación con cuando tenía 25. Es por cuestiones de supervivencia. Hago cosas que son solamente para mi. El deporte por la mañana es el mejor ejemplo. Salir a correr a las 6 de la mañana por mucho que me fastidie la oscuridad y el frio es lo que me aporta estabilidad emocional. Es lo que me permite definirme como persona y me da identidad como individual. También levantarme los sábados a las 5.30 horas de la mañana no tiene precio. Estar yo solo con mi café delante del portátil escuchando videos desde educación de niños hasta inversión en cartas de Pokémon. Mis intereses son amplios (bueno, realmente no tanto). Y creo que es necesario hacerse un poco más egoísta con la edad. No puedes ser un pilar para otros si no haces cosas para ti que te hagan más fuertes. Es obligatorio hacerlo.
Perder la vergüenza
Me acuerdo perfectamente que mis padres siempre me echaban en cara que era el último niño en el campo de fútbol en coger la botella de agua. No me adelantaba a nadie. En general me esperaba a que los demás habían bebido lo que tenían que beber y luego ya era mi turno. Hoy me da la misma rabia cuando veo a mis hijos comportarse de la misma manera. La diferencia es que yo no les digo nada porque sé perfectamente como se sienten. Sienten una especie de vergüenza. De no querer llamar la atención y no molestar a nadie. Mi vergüenza como niño me impedía hacer muchas cosas que a otros no les costaba nada. Me importaba demasiado la opinión de los demás. Lo bueno es que eso ahora apenas me afecta. No tengo problemas con el rechazo, opiniones de terceros u otros aspectos que te generan inseguridad cuando eres joven. Te libera y parece que con cada año que pasa me importa menos.
Capacidades de organización
La gente que tiene hijos se diferencia de aquellas personas que si los tiene. Y más si tienes más de uno. No sabes lo que es no tener ni un solo segundo para ti y que no puedas ni estar ni 30 segundos en el baño sin que una vocecita diga “¿Papá, Papá, qué haces…?”. Ahora que lo digo casi hecho en falta aquellos tiempos. Cuando eran tan pequeños estabas siempre cansado. Mi mujer me echaba en cara cuando iba a trabajar porque claro, eso era descansar. Y razón tenía… Cuando tienes el tiempo tan justo aprendes a exprimir cada minuto que te regala el día. No lo dejas desaprovechado. Esa habilidad que aprendes cuando tienes hijos y te haces mayor también la traspasas al área de trabajo. Al menos a mi me ha ayudado mucho. Lo malo es que a día de hoy sigo con la misma mentalidad de tener que exprimir cada minuto del día porque sino no está bien aprovechado. También es peligroso no poder desconectar nunca y relajarse un poco. Pero bueno. Siempre hay cosas que mejorar.
Me da a mi que este tipo de entrada lo he redactado ya en diferentes versiones más de una vez. Pero no pasa nada porque lo importante hay que repetirlo.
Stay tuned.

