Cómo me gusta pasar las vacaciones con la familia
Mañana salimos de camino a Francia. Será un fin de semana prolongado. Será divertido, como siempre y una oportunidad más para crear recuerdos para siempre.
Ayer estuve viendo un partido de fútbol de mi hijo. Me he cambiado de bandas. Ahora he estado junto con los demás padres. Está siendo una sensación extraña ya no estar al lado del campo de fútbol dirigiendo el equipo pero poco a poco me estoy acostumbrando.

Un padre me dijo. “Tengo ganas de pillar cuatro a cinco semanas del tirón”. En mi cabeza le dije. “Después de dos días yo ya me estaría aburriendo sin hacer nada”. Pero me callé y no dije nada. Que al final yo soy el bicho raro y no él.
Las vacaciones en familia me gustan. No porque pueda dormir más o trabajar menos. De hecho me levanto igual que entre semana de lunes a sábado a las 5:30 horas. Disfruto ese rato en silencio sin nadie y estando a solas. Es algo que seguiré haciendo posiblemente toda mi vida.
Me gustan porque son un cambio de la rutina. Me obligan dejar el portátil al menos durante un rato para hacer otra cosa que no es nada productiva. El único ROI que tiene es el de la felicidad y eso es algo bueno.
Las vacaciones las paso en familia haciendo más o menos lo mismo que hago todos los días. Madrugar, tomar mi café, escribir mi post, entrenar y salir a correr. Después ya empieza el día con la familia. Alguna actividad de salir fuera a algún sitio. Los chicos como siempre quejándose porque no quieren hacer nada y al final cuando ya hemos logrado sacarlos de casa disfrutan de la actividad. Pasamos todo el día juntos y llegamos a casa cansados, felices y agradecidos por tener la vida que tenemos.
Después de tres o cuatro días ya llego al punto donde me entran ganas de volver a casa. No necesito más. Las pilas están recargadas y puedo volver con fuerza a lo que gusta: mi trabajo.
Stay tuned.

