Así son mis días de peor rendimiento
He vuelto de comer y tengo un bajón de cansancio que hace tiempo no he sentido. La tarde no será muy productiva. Se veía venir.
Algo de razón tendrán aquellos que dicen que con la edad uno se tiene que cuidar mejor. Y a pesar de todo lo hago, que eso no es el problema. Mi cabeza se niega de aceptar esta relación entre más edad y menor rendimiento. No cabe entre mis planes.

Será por eso que pensaba que dormir poco, madrugar a las 5 para salir a correr 17km rápidos no me iba a afectar hoy. He sobrevivido bien la mañana pero parece que lo que me queda de tarde se verá afectado.
“Por suerte” nada más me que queda revisar un contrato donde nos comprometemos a pagar una cantidad que supera las seis cifras a un colaborador los próximos dos años.
Esto es una anécdota de cómo no hacerlo.
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Empezar muchas tareas pero con poco tiempo
Si nada más tienes 10-20 minutos para una tarea de treinta no la acabas en dos sesiones. Posiblemente requieres 3 huecos de 20 minutos para acabar algo que en realidad del tirón no hubiera necesitado más de 30 minutos. Si paras una idea siempre vas a tener que invertir tiempo de re-arrancar que en otro caso no tendrías.
Dedicarme a tareas con baja prioridad (pero divertidas)
Esto es otra cosa que se encuentra sin duda en mi top 3 de cosas que hacer para no rendir. Nadie es perfecto y yo menos. Hay días donde fácilmente me distraigo. Por mucho que uno sea consciente, en ocasiones puede haber fuerzas sobrehumanas que nos alejan de las tareas realmente importantes.
Días sin o con poca planificación
Improvisar. Es cómo llamo esta forma de trabajar. Haces tareas como te entran y/o se te ocurren. Con suerte tienen sentido pero sería un poco suerte. Una buena planificación de tareas deja huecos para respirar. No es cuestión de estar corriendo todo el día.
Hoy no será una tarde de buen rendimiento. Por suerte por la mañana ya he sacado algo de faena. Seguimos.
Stay tuned.

