El orgullo no acompaña bien en el mundo de los negocios
Hoy he tenido que aceptar una pequeña derrota. Una derrota que en realidad nada más afecta a mi ego y no a otra cosa.
“A este no le vendemos”. Es una frase que hemos dicho más de una vez en plan medio broma en alguna reunión. Es normal que nosotros no entendamos que alguien no esté en seguida convencido de comprar nuestros productos pero también es lo contrario.

Somos una marca que es todavía pequeña aunque con ambiciones para ser una grande el día de mañana. Ni hoy ni mañana deberíamos permitir que nuestro ego influya de alguna forma en las decisiones de negocio.
Decisiones influidas por emociones en vez de datos nunca son buenas
No debe ser nunca cuestión de que algo o alguien me caiga mal y por eso me cierro una puerta importante. Eso, tanto en la vida como en el mundo de los negocios es una muy mala decisión. Es más sabio encontrar una base común. En el mundo de los negocios no siembre van a surgir relaciones “íntimas” para llamarlo de alguna forma para que ambos ganen dinero y les vaya bien. Tampoco es cuestión de retorcer los propios valores o hacer cosas poco éticas. Es más cuestión de preguntarse hasta que punto el orgullo influye en una toma de decisión si realmente son los hechos.
Siempre pensar en el largo plazo de relaciones
Pensar a largo plazo significa pensar en años y décadas en vez de semanas y meses. Nosotros estamos cerrando un trato con uno de los distribuidores más grandes del sector en Europa. El dueño ha cambiado. Ahora hay uno más joven (de mi edad me gusta pensar) que está más abierto a trabar con nosotros que el que se acaba de retirar. Es gracias a nunca haber descartado trabajar con esta empresa y persona que nos dimos cuenta que las cartas se volvían a barajar e iban a salir a nuestra favor. Es paciencia y suerte pero de eso se trata. Hay que mantenerse siempre dentro del partido y nunca fuera del mismo.
Con esto empiezo mi jornada en Alicante.
Stay tuned.

