Mis pilares, filosofía y ética de trabajo

Ya no tengo 25 años y eso no es algo malo sino más bien todo lo contrario. El paso del tiempo me ha dado algo impagable. Aprendizaje y experiencia.

Recuerdo que cuando empecé este blog tenía apenas 30 años. Cuando me ponía a escribir consejos para las personas que lo leyeran tenía esa sensación de ser un fraude. ¿Qué iba yo poder recomendarle a alguien con mucha más experiencia de vida? Hoy en día la cosa ha cambiado. Por varias razones.

La primera y más importante es que con 44 años me he convertido en esa persona con más experiencia de vida. Aunque no lo sepa todo puedo escribir con más criterio, credibilidad y sobre todo confianza. Pero también hay otra razón prácticamente igualmente importante. Esto no lo escribo para nadie más que para mi. Es un reflejo de mi evolución personal. ¿Quién era yo diez años atrás? Eso es la pregunta que podré responderme cuando haya pasado el tiempo. Es imposible ponerte en la piel de la persona que eras con 20, 30, 40, etc. cuando el tiempo haya avanzado. Estas líneas me permitirán hacer un viaje en el tiempo que me pone en la cabeza de aquella persona en ese momento. Es algo mágico.

Las creencias que voy a compartir a continuidad no han cambiado mucho a lo largo de las décadas. Se han fortalecido más bien y han pasado de ser una intuición a una convicción.

Es mi responsabilidad

Es una de las cosas que quiero que aprendan mis hijos cuando antes. Todo lo que sucede es mi responsabilidad. Para bien y para mal. Si una persona de mi equipo comete un error grave es mi culpa. Siempre hay algo que hubiera podido haber hecho mejor en el pasado para suavizar o incluso evitar la situación.

Tener la convicción de que todo lo que sucede es la propia responsabilidad te permite tomar tu vida en tus manos. Yo decido sobre mi destino y ningún tercero. Pensar que los padres, trabajadores, políticos, etc. son culpa de “x” crea una situación de victima y con ello una prisión de la cual es complicado salir. Nadie me controla o influye en mi de forma incambiable. Está en mis manos tomar acción y cambiar el rumbo de las cosas.

Triunfar tiene un precio

Disfrutar es importante pero no lo es todo. Lo de encuentra tu pasión y conviértela en dinero es algo que únicamente muy pocas personas van a poder hacer. Es cierto que necesitas una meta suficientemente grande que por una parte forme parte de tu personalidad y que por otra parte te permita avanzar todos los días.

Da igual lo que hagas o decidas. Tendrás días malos y peores. Es aquí donde se marca la diferencia entre aquellos que sacan faena igualmente y aquellos que se lo toman como una excusa. También habrá momento donde tendrás que tomar decisiones difíciles que no te apetecen: estar fuera de casa sin tu familia, no participar en reuniones con amigos, ahorrar y no irte de vacaciones, etc.

Soy consciente que “triunfar” tiene una definición diferente para todo el mundo. Pero da igual lo que sea tu interpretación detrás. Si tu meta es hacer feliz a tu familia, tu precio se aplicará a otro área de tu vida. Es una ilusión pensar que se puede tener todo.

Constancia durante mucho tiempo

Nada, absolutamente nada viene rápido. Aunque haya cosas que igual se puedan conseguir en tiempo récord son frágiles y de corta duración. La razón para ello es sencilla. Les falta una base fuerte y sólida. Igual que los músculos necesitan tiempo para crecer, también lo necesitan las metas, los negocios, las familias, la salud, el aprendizaje, las rutinas, etc.

Si juegas a muy largo plazo vas a ganar seguro en la vida. Muy pocas personas van ser capaz de seguirte. Cualquier puede perseguir metas durante meses o incluso años. Muy pocos son capaces de hacerlo durante décadas o incluso una vida completa. No te preocupes por ir muy detrás de los demás. A la larga vas a alcanzarlos y dejarlos detrás. Igual que en una maratón no es cuestión de quién vaya delante de ti en el kilómetro 5, 10 o incluso 30. La carrera se decide en los últimos 3-5 kilómetros.

La clave para mi ha sido esta. Tienes que encontrar la actividad suficientemente pequeña para que puedas mantenerla durante años. El interés compuesto que sacas a lo largo del tiempo te sorprenderá.

Respeto hacia las personas

Soy una persona estoica. Hay pocas cosas que me enfadan. Una de ellas es la falta de respeto de las personas. No nos tenemos que entender pero nos tenemos que respetar en todo momento. Es lo mínimo que puedo esperar incluso de mi máximo enemigo. El problema ya está en denominar a alguien tu “enemigo”. Incluso si dos personas compiten por el mismo premio puede haber respeto hacia el rival o los rivales. No tenemos que ser amigos pero siempre nos respetáremos.

Para mi el respeto empieza con estas cosas. Si me pides un presupuesto, me merezco un “no” y no la ausencia de tu respuesta. En cambio si me envías un mensaje no solicitado en LinkedIn, no te enfades si no te respondo. No te debo nada y tengo otras prioridades. Si me insistes de forma respetuosa y empática pueda que me tome el tiempo para decirte que no estoy interesado.

Un objetivo suficientemente grande

Ojalá nunca llegue a alcanzar lo propuesto. Sinceramente no creo que sea el caso. El viaje es el destino. Estar de camino y disfrutar de las vistas es lo que me mueve. Literalmente. Creo que cualquier persona se lo merece.

Mi motivación personal para estar en forma es llegar a los 80 y poder moverme con pocas restricciones. Puede suceder cualquier cosa hasta entonces. No hay garantías para nada en la vida pero puedo hacer hoy lo que está en mis manos para alcanzar esa meta. Ese viaje tiene diferentes destinos. Ahora mismo me ha dado a volver a correr maratones. De hecho me voy a apuntar a la próxima en abril. La edad no es un limite para ello ahora mismo.

A nivel de negocios lo bueno y lo malo es que las cosas van mucho más lentas de lo que me gustaría. No vamos a poder lanzar 100 nuevos productos cada año. Serán más bien 3-10. Eso implica que el progreso será percibido como lento. Lo bueno es que eso nos permitirá conducir con mayor precisión. Tenemos que tomar mejores decisiones para que los pasos que demos apunten hacia la dirección adecuada.

Asumir consecuencias

Hay cosas que no cambiarán. Las personas pocas veces lo hacen. Es lo que he tenido que asumir pocas semanas atrás cuando tomé la decisión de despedir una persona del equipo. No lo estaba haciendo del todo mal pero tampoco del todo bien. Para los objetivos que tenemos simplemente no era suficiente. Creo también que era un tema de encaje. Esa persona no había encontrado el lugar adecuado para ella. Lo que había entendido yo era que no éramos nosotros.

Mi satisfacción personal viene de crear algo que no me permita únicamente a mi y a mi familia vivir de ello sino también a un número elevado de personas. Despedir a alguien va en contra de esa meta pero es lo que significa asumir consecuencias aunque sea complicado.

Hoy me he extendido más de lo normal. Se nota que estoy de vacaciones… 😉

Stay tuned.

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